Victor Rebullida |
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Ha fallecido Joaquín Broto Salamero, histórico de los Conservatorios de Música que en Zaragoza han sido. Toda una institución dentro de la música zaragozana. No hay más que preguntar a cualquiera de los músicos que ahora tengan en torno a la cuarentena y que se hayan formado en los Conservatorios de esta ciudad. Prácticamente la totalidad ha pasado por sus clases. Yo aprendí las primeras notas en su aula, un aula (realmente una habitación) ubicada en aquel piso de la calle del Coso. Don Joaquín, sentado de lado al piano, mirando a los alumnos sentado a su espalda, en robustas sillas de madera con palas, sobre una vetusta tarima escalonada, aporreaba -literalmente y con todo respeto- el viejo piano vertical. Debería decir que aprendí las segundas notas pues las primeras debo atribuírselas a Rafael Lozano, violinista de la que fué Orquesta de Cámara Ciudad de Zaragoza, aquella que fue protagonista de mis primeras audiciones de música en vivo con sus conciertos con obras de Dallabaco en la Lonja. También Broto se empeñó en que generación tras generación de aprendices de músico hilvanaran con mayor o menor fortuna los cantos polifónicos de diversas épocas, a través de masimas clases en el "gran" salón del citado edificio del Coso zaragozano, sentados y de pie junto a las ventanas abiertas para aliviar el olor a neurona recalentada (por ser elegante). Ahí andábamos todos con ese libro recopilatorio y pedagógicamente ordenado de música coral, clásico de aquel antiguo Conservatorio, del cual don Joaquín era autor. En él también incluía alguna obra compuesta por él y otras adaptadas. Pero lo mejor venía cuando preparaba el concierto de fin de curso, con un coro integrado por todo el alumnado de sus diversos grupos de clase para el cual preparaba algo que le gustaba sobremanera: adaptaciones de música de películas, de estándards de todos los tiempos, para coro. Quién no recuerda aquellas versiones de Days of Wine and Roses, por citar una que me viene a la memoria. Broto se sentaba al piano o ante aquel gran órgano electrónico y se prodigaba en armonías jazzies e improvisaciones a las cuales era muy proclive, tal vez por su formación y labor organística litúrgica. Ha desaparecido uno de los últimos mohicanos de una manera de entender la música y su enseñanza, singular y tal vez superada pero que ha servido para dar salida a varias generaciones de músicos y la que recordaremos siempre. Joaquín Broto Salamero, descanse en paz. Incluyo a continuación la noticia aparecida hoy en HERALDO DE ARAGON y la foto que la acompaña hecha por Guillermo Mestre. Joaquín Broto Salamero, ex organista de la Seo y del Pilar de Zaragoza, falleció ayer en la capital aragonesa a los 84 años de edad. Su muerte deja un hueco difícil de llenar, al constituir uno de los últimos exponentes de un arte que lamentablemente se está perdiendo, el del organista litúrgico. En EL PERIODICO DE ARAGON habla José Vte. González Valle, otra persona a la que muchos músicos locales debemos parte de nuestro conocimiento y nuestro amor por la música de épocas pretéritas, así como la Edad de Oro de nuestra Escolanía de Infantes, que nunca vivió un momento de mayor florecimiento y prestigio como cuando González Valle, junto al grupo Amigos de la Música, mayormente ex-infantes con la voz ya mutada, prepararon conciertos que recorrieron Europa cantando lo mejor de la polifonía universal y también aragonesa (todavía recuerdo aquellos motetes de Bach con el Coro del Conservatorio que él dirigía en los que tuve el orgullo de participar): El canónigo prefecto de música del cabildo zaragozano, José Vicente González Valle, amigo y compañero durante años del músico fallecido, explicó que la salud de Broto se resentía por la edad, pero que su muerte fue dulce, "pues ha muerto durmiendo, sin que nadie lo esperase". González Valle lamentaba la muerte de Broto "como persona y como músico, pues fue un gran compositor entroncado con la tradición de maestros de música religiosa que ha dado la Seo de Zaragoza". Y es que no sólo "media Zaragoza" ha bebido las enseñanzas de Broto --fue docente del Conservatorio Profesional de Zaragoza entre 1963 y 1985--, sino una gran cantidad de músicos de todo el país, ya que su obra, Conjunto coral, ha sido utilizada en numerosos conservatorios como texto para la asignatura del mismo nombre. Como compositor, en 1957 estrenó en Barbastro sus Trece canciones españolas para soprano y piano, y en Zaragoza, con la Orquesta Sinfónica local, bajo su dirección, Impresiones de viaje. También con la desaparecida sinfónica de Zaragoza hizo la primera audición de Bucólica del Pirineo, Tríptico, Suite tripartita y Fantasía Dionisíaca. Los pianistas Luis Galve y Pilar Bayona, también estrenaron obras de Broto. En Zaragoza siempre se recordará la misa de 12 de los domingos en la Seo durante los años 70, donde Broto ofrecía auténticos recitales de órgano. Casualmente un día 14 de febrero del año 2005 Angel Huguet publicaba en DIARIO DEL ALTOARAGON la noticia de la cesión por parte de Joaquín Broto del órgano de su propiedad. Joaquín Broto, compositor y musicólogo, profesor del Conservatorio Profesional de Música y Organista titular de la Catedral de la Seo de Zaragoza, jubilado de su actividad, ha cedido al Cabildo de la Catedral de Barbastro el órgano de madera construido por el holandés Gerardo de Graaf, en el que compuso obras de música para órgano y polifonía sacra, que pasarán al Archivo Diocesano para custodia y consulta. |