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Victor Rebullida

HA MUERTO GYORGY LIGETI

HA MUERTO GYORGY LIGETI

Desconozco si György Ligeti sería o no supersticioso pero su muerte se conoce un martes trece. Murió ayer día 12. Se ha ido uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. Esta es una afirmación compartida por muchos que como admiran su obra y su personalidad. Es uno de mis referentes en cuanto a una manera de trabajar y entender la música, de expresarla y construirla. Pero por encima de esto destaca su inteligencia para hacer música contemporánea que, sin ceder lo más mínimo a modas transitorias condescendientes con gustos comerciales y simplezas acústicas y estéticas, resultaba atractiva al público no acostumbrado a las estéticas más vanguardistas.

En El Períodico de Aragón aparece esta semblanza de la pluma de Marta Cervera:

György Ligeti, el compositor de origen húngaro más importante del siglo XX tras Béla Bartók, falleció ayer en Viena a los 83 años. El autor de Lontano y la ópera Le grand macabre conectó con el gran público a través de la banda sonora de la película de Stanley Kubrick, 2001: una odisea del espacio. La plasticidad y capacidad evocadora de su música sedujo al realizador británico, que utilizó sus obras Réquiem (1965) y Lux eterna (1966) para el salto temporal más conocido y magistral de la historia del cine, pero también utilizó en el filme algunos pasajes de Atmósferas (1961) .

"En un momento de tanta confusión en la música, su pérdida es irreparable", lamentó ayer Joan Guinjoan. El compositor valora que no se conformó con vivir de los éxitos de los años 60. "Tras una gran época marcada por Lontano y Atmospheres, siguió buscando. Nunca se imitó a sí mismo. Era un creador impresionante", agregó sobre el colosal músico nacido en Transilvania en 1923, en el seno de una familia judía de habla alemana. Para Leonard Balada, Ligeti es un artista auténtico porque su música, a pesar de ser de vanguardia y contemporánea, llega al oyente. "Creadores de su clase y categoría sólo hay cuatro o cinco. No más", afirma. Héctor Parra, joven compositor que triunfa en París, considera que es esencial porque crea un nuevo discurso. "Para mí es un paradigma de la sutilidad formal, la renovación y la continuidad".

Ligeti se interesó de niño por la música y empezó a tomar clases de piano. La segunda guerra mundial hundió a su familia: su padre murió en el campo de concentración nazi de Bergen-Belsen (Alemania) y su hermano, en Mauthausen (Austria). Él luchó con el ejercito húngaro en el último tramo de la contienda.

Después impartió clases de música en el conservatorio de Budapest hasta 1956, cuando huyó a Austria cansado de las restricciones impuestas a la creacion por la dictadura comunista. "Mi vida durante la época nazi y el comunismo estuvo llena de riesgos. Creo que eso se refleja, ese sentimiento permanece", dijo.

Desde Austria viajó a Alemania. En Colonia quedó fascinado con la música electrónica experimental, colaborando de forma estrecha con otras figuras de la vanguardia como Pierre Boulez, Karlheinz Stockhausen y Luigi Nono.

Con su primera partitura sinfónica, Apparitions (1958-1959) y, sobre todo, con Atmosphéres (1961), que le dio la celebridad internacional, Ligeti abrió un mundo sonoro nuevo. Sus obras se cimentan en estructuras rítmicas que se sobreponen y reproducen una gran cantidad de sonidos homogéneos. Entre sus composiciones destacan Nouvelles aventures (1962-65) y la ópera Le grand macabre (1978), una pieza basada en una obra de teatro del absurdo con muchas referencias escatológicas, que tuvo una versión retocada en Salzburgo en 1997.

En las dos últimas décadas, Ligeti ha recibido un amplio reconocimiento por toda obra, que ha sido editada de forma integral. Las autoridades anunciaron ayer el ofrecimiento de una tumba especial en honor de "un gran austríaco en el mundo de la música del siglo XX".

Heraldo de Aragón publica una nota más breve de Agencia EFE:

"El compositor austríaco de origen húngaro Gyorgy Ligeti, fallecido ayer en Viena a los 83 años, fue uno de los autores y teóricos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, conocido por el gran público por la inclusión de dos de sus composiciones en la banda sonora de la película "2001, una odisea del espacio".

Ligeti, un clásico de la música contemporánea y heredero del dodecafonismo, es considerado el máximo exponente de la música experimental electroacústica de la década de los años 60.

La plasticidad y capacidad evocadora de su música sedujo al realizador británico Stanley Kubrick, que utilizó su "Réquiem" (1965) y "Lux eterna" (1966) para crear el salto temporal más conocido y magistral de la historia del cine, el que al principio de "2001, una odisea del espacio" (1968) anuda el pasado de los grandes simios a la era espacial.

Nacido en Transilvania en 1923, en el seno de una familia judía de habla alemana, Ligeti se interesó muy joven por la música y empezó a tomar clases de piano. Ligeti desarrolló en sus obras estructuras rítmicas que se sobreponen y reproducen una gran cantidad de sonidos homogéneos, lo que se ha denominado como el principio de la composición de áreas de sonido."

En ninguna de las notas se menciona que Kubrick volvió sobre la música de Ligeti en su película "Eyes wide shut " en la que incluyó una pieza de su "Musica Ricercata" para piano, la segunda, en mi opinión lo mejor de toda la película, lo único que se salva y el único elemento que realmente "actúa" creando el ambiente que el   incomprensiblemente denominado "actor" Tom Cruise no consigue darle con su proverbial inexpresividad.

Por cierto hay que saber que el celebérrimo uso que Kubrick hizo de la música de Ligeti en "2001: una odisea en el espacio" ("Atmospheres", "Requiem" y "Lux Aeterna") fue sin permiso del autor y sin pagarle derechos por lo que Ligeti interpuso una demanda que ganó y supuso el desembolso por parte de Kubrick de la suma de 3.000 dólares.

Alberto González Lapuente, en ABC, escribe este artículo:

Muere Ligeti, vanguardia del siglo XX

Muere Ligeti, vanguardia del siglo XX
AFP Ligeti, en una imagen tomada en Francia en 2000
POR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE
György Ligeti ha muerto enfermizamente sano, saludablemente enfermo, pareciendo estar aquí y, al tiempo, asomándose al otro lado. Un poco como su música, ajena a cualquier propósito autobiográfico, pero inevitablemente cercana al deseo de ser un «rico vagabundo». El autorretrato es siempre una tentación inevitable, pues tiene a mano el modelo, aunque también el inconveniente de que todo cuanto se observa está invertido. La izquierda a la derecha, la derecha a la izquierda. Cierto y falso a la vez. No es de extrañar que las fotografías que quedan de Ligeti transmitan el brillo de la picardía, el pelo desordenado y una (media) sonrisa entre burlona y encantada. Han sido 83 años guiñando el ojo tras hacer la trampa, sin dejar de aprehender un nuevo truco sobre el que seguir sosteniendo sus obras. Al final una estructura fractal, la música del gamelán balinés, o la «Columna infinita» del Brancusi. Cualquier cosa.
Ligeti había nacido el 28 de mayo de 1923 en Tàrnaveni (Transilvania). En Klausenburg, la actual Cluj, comenzó los estudios de composición antes de trasladarse al conservatorio Franz Liszt de Budapest. La llegada de los años cincuenta coincide con la realización de varios trabajos sobre la música folclórica de su país. Con la reunión de canciones populares transilvanas asume los trabajos sobre el folclore que previamente habían realizado Kodály y Bartók. La manifestación culta de todo ello se plasmará en obras como el «Cuarteto núm. 1» (1954). Vendrán luego algunos años de trabajo en el conservatorio de Budapest, como profesor de armonía y contrapunto, y algunas obras que empiezan a herir la siempre prudente sensibilidad de la oficialidad, lo que le obliga a huir a Alemania coincidiendo con el levantamiento de 1956.
Reconocimiento internacional
Pero la residencia de Ligeti en Occidente tiene poco de acomodaticia. Tras trabajar junto a Stockhausen en el estudio de música electrónica de WDR, da a conocer la obra orquestal «Atmosphères» (1961), el primer gran eslabón hacia el reconocimiento internacional. La composición se difundirá ampliamente apoyada por el beneplácito del público, en un momento en el que se hace evidente el rechazo hacia los rigores de un serialismo que, por otra parte, manifiesta síntomas de agotamiento. «Atmosphères» descubre el juego con sólidos bloques sonoros, «clusters» internamente individualizados en multitud de voces cuya escucha es imperceptible pero cuyo efecto simula un constante movimiento interno dentro de un complejo que aparenta permanecer estacionario. Música hirviendo en el interior de un edificio aparentemente firme para la que Ligeti acuñará el término de micropolifonía.
Es entonces cuando el músico empieza a transgredir las dimensiones. En palabras propias: «Abolir el tiempo, detener su huida y aprisionarlo en el instante». No es extraño que partituras como el «Réquiem» (1965) y «Lux aeterna» (1966) sean, sin el permiso del compositor, parte de la banda sonora de la visionaria película de Stanley Kubrick «2001: Odisea en el espacio». Obras, por otra parte, que se divulgarán con mucho retraso en nuestro entorno. Hace tres años que la Orquesta Nacional de España proponía la primera audición española del «Réquiem», del mismo modo que la celebración del 80 cumpleaños del compositor, en ese mismo 2003, servía para conocer en directo su ópera «Aventures et Nouvelles aventures» (1965), en la que mil y un artefactos en juego se mezclan con gestos, exclamaciones y multiplicidad de sonidos invertebrados. Los elementos experimentales y una sorprendente variedad de técnicas vocales e instrumentales servirán también de base a la ópera «Le Grand Macabre» (1978), teatro del absurdo del absurdo con muchas referencias escatológicas y música singular desde el mismo preludio escrito para bocinas de coches.
A partir de los años 70, instalado en Viena, el estilo se hará más transparente y melódico, al tiempo que se empapa de complejas estructuras rítmicas, muchas de ellas sintetizadas a partir de la música africana. El último Ligeti sabe, como el primero, encontrar la inspiración en la música folclórica, aunque ahora al margen de cualquier frontera o condicionante estilístico. Buen resumen de todo ello son los «Études pour piano» (1985-2001), pues en ellos ya hay muchas cosas juntas, muchos «ligetis»: torrentes de notas, trepidaciones rítmicas, calladas atmósferas impresionistas y hasta elementos programáticos. Porque frente al fin de siglo Ligeti se instaló sin dogmas... y sin dejar de caminar por la cuerda floja. Su famoso poema sinfónico para 100 metrónomos lo explica muy bien: «Como si no hubiera principio ni fin en algo que ha comenzado eternamente y que continuará sonando para siempre, una ilusión».

György Ligeti y su música serán para muchos de nosotros compositores una Luz Eterna que iluminará nuestro camino.

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