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Victor Rebullida

SIMON TAPIA-COLMAN, UNA JUSTA Y NECESARIA RECUPERACION DE SU MEMORIA

SIMON TAPIA-COLMAN, UNA JUSTA Y NECESARIA RECUPERACION DE SU MEMORIA

Me entero por HERALDO DE ARAGON de la aparición de un libro-disco editado por Prames dedicado a la obra sinfónica del compositor nacido en Aguarón Simón Tapia-Colman. Me quedo asombrado leyendo sobre este autor que reconozco me era totalmente desconocido.

Es una importante noticia este gran paso en la recuperación de este autor, paso que por lo que leo ya habían dado con anterioridad entidades de otras localidades españolas.

La curiosidad me ha llevado a internet y me sorprende encontrar un fondo de referencias interesante, una pequeñísima muestra de cual incorporaré a continuación.

Por el momento es obligado hacerse con un ejemplar del libro-disco que será presentado mañana martes 15 de mayo a las 20 horas, en la Sala Jerónimo Zurita del Edificio Pignatelli (Paseo María Agustín nº 36 de la ciudad de Zaragoza).

El libro disco lleva el nº 38 de la colección Aragón LCD, coeditado por Gobierno de Aragón, Ayuntamiento de Zaragoza, Caja de la Inmaculada y PRAMES.

El artículo aparecido en Heraldo viene firmado por Mariano García y lo incluyo a continuación:

Embarcado en el Ipanema y rumbo a México, Simón Tapia-Colman debió ser consciente de que una nueva vida empezaba para él en julio de 1939. Tenía tan sólo 33 años, navegaba hacia el exilio y, en alta mar, una vez comprobado que en el barco no viajaba ningún enemigo, arrojó un objeto que había guardado celosamente desde que cruzara la frontera española: una granada de mano. Tapia-Colman no quería saber nada de la guerra, pero la contienda le pasó la más amarga de las facturas, sepultándolo en la larga noche del olvido.

Tapia-Colman era aragonés (nació en Aguarón en 1906), un músico y compositor que había combatido en las filas republicanas y que acabó exiliándose en México. Pese a que desarrolló allí una intensa y fructífera carrera, su dimensión creativa es prácticamente desconocida en España. Ahora, la colección Aragón LCD de Prames publica un libro-disco para colocarle en su justo lugar.

Tapia-Colman empezó a tomar clases de solfeo con su padre, hasta que sintió el hechizo del violín. Una tarde, Juan José Lorente le sorprendió tocando para los jornaleros, con una partitura clavada en un almendro, en una finca cercana a Zaragoza. Él autor de "La Dolorosa" hizo que lograra una beca y entrara en la Escuela Municipal. Dio su primer concierto en el Parisiana de Zaragoza con solo 11 años. Fue a Madrid y luego a París, donde fue discípulo de Vincent d'Indy. A mediados de los años 20 regresó a España y creó su propia orquesta de cuerda, el Cuarteto Colman, con el que actuó en Europa, África, Oriente Medio e India.

Tras pelear en la guerra civil en el bando republicano, se exilió a México, donde fue violinista de la Sinfónica Nacional de México, organizó infinidad de producciones de zarzuela y dirigió el ballet español de Ana María. Fue catedrático del Conservatorio Nacional y, durante muchos años, su director. Murió en febrero de 1993 y, aunque había visitado España en 1989, aquí sigue siendo un desconocido. "Cuando falleció yo estaba en México y pude comprobar cuánto se le quería -recuerda Eloy Fernández Clemente, que ha estudiado el exilio aragonés en México y Argentina-. Era uno de los grandes creadores cuya figura estaba pendiente de recuperación".

"Investigando sobre él, he tenido que hablar con muchos musicólogos y estudiosos -señala el director de orquesta José Luis Temes-. Casi siempre me he encontrado con la misma frase: "Simón... ¿quéeeee?". Es un absoluto desconocido incluso para los expertos. No hay que olvidar que Franco murió hace 32 años, y hasta hoy tampoco se había hecho gran cosa por recuperar su obra".

Temes y Fernández Clemente firman sendos textos en el librodisco. Temes, además, ha dirigido a la Filarmónica de Málaga para grabar, por vez primera, la obra sinfónica completa del aragonés.

"Era un acto de justicia -subraya Plácido Serrano, director de la colección Aragón LCD-. De la generación en el exilio el único músico olvidado era Tapia-Colman. A Halffter y Pittaluga se les ha editado prácticamente toda su obra; por otro lado, la Comunidad de Madrid dio el nombre de Salazar a su conservatorio, los gallegos ha rendido homenaje a Bal y Gay... Hace unos meses, en la gran exposición que se dedicó al exilio en la capital de España, una vitrina mostraba el violín de Simón Tapia. Y, el año pasado, la Fundación Juan March organizó un concierto en Barcelona para conmemorar el aniversario del nacimiento de Pittaluga y Tapia. En Aragón, hasta ahora, nada de nada. Por eso, el libro-disco, además de encuadrarle en el exilio aragonés y el exilio musical español, ha servido para catalogar su obra".

El libro-disco, coeditado por Gobierno de Aragón, Ayuntamiento de Zaragoza, CAI y Prames, se presenta mañana a las 20.00 en la sala Jerónimo Zurita. Y el 12 de junio se presentará en la sede de la SGAE en Madrid.

"Él decía haber escrito más de 200 obras -relata Temes-, pero hizo mucha música ligera y coral. Obras de concierto no pasan de 30, y en ellas sigue una evolución normal en la época, desde el nacionalismo de Falla al atonalismo". En el disco se reúne toda su obra sinfónica, a excepción de "Estampas de Iberia", que el propio compositor daba por perdida. "Su obra de cámara es más "progresista"; que la sinfónica", subraya Temes.

De él, Rodolfo Halffter diría: "Es un compositor nato. Lo prueba la fluidez natural y espontánea de su inventiva melódica, así como la textura limpia y transparente de sus obras. Estudiadas éstas con cuidado, se advierte enseguida la mano de un maestro".

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El 24 de mayo de 2006 la Fundación Juan March organizó un concierto por el centenario de los compositores compañeros de generación Gustavo Pittaluga y Simón Tapia-Colman cuyo programa de mano venía firmado por Carlos José Costas con el siguiente contenido:

Madrid y la villa de Aguarón (Zaragoza), respectivamente, son los escenarios en 1906 del nacimiento de Gustavo Pittaluga y Simón Tapia Colman, con lo que estamos ante su primer centenario. Alcanzan sus primeros treinta años de vida al tiempo que España se ve sumergida en la guerra civil, algo que influyó decididamente en su actividad y en sus obras. Aparecen en Aula de Reestrenos como representantes de singular importancia en la música española para violín y piano de su tiempo. Junto a ellos, figuran los nombres de seis otros compositores nacidos el mismo año: Gustavo Durán, Vicente Garcés, Rosa García Ascot, Gerardo Gombau, Joaquín Homs y Esteban Vélez. Todos ellos servirían de ejemplo de las tendencias musicales españolas de aquellos años, entre las que nos encontramos, en primer lugar, con la establecida por el magisterio de Manuel de Falla. Del mismo modo, está presente un variado muestrario de nacionalismos y localismos, junto a neoclasicismos, ecos del impresionismo, eclecticismo y, sin duda, gérmenes y desarrollos de las vanguardias, porque se trata de un período de inquietudes que reunió, sucesiva o alternadamente varias de ellas en un mismo compositor.

Pero si nos centramos en los compositores elegidos y además de la atención que dedicaron al violín, hay que señalar la coincidencia en la continuidad de su actividad en el exilio al término de la guerra. Una continuidad que se mantiene algo reducida y menos combativa en el caso de Gustavo Pittaluga y con la integración de Simón Tapia Colman en el panorama musical mejicano al que queda incorporado hasta su muerte en 1992. En ambos casos, la elección del violín estaba indicada, en gran medida, por las posibilidades que tenían las obras escritas para este instrumento, presente con el piano en numerosos locales como cafés, intermedios en teatros y otros escenarios similares, lo que se hace más evidente por lo que se refiere a Tapia Colman que estudió violín y fue concertino del Teatro Apolo de Madrid.

Gustavo Pittaluga

Nacido en Madrid, hijo de un catedrático de microbiología de la Universidad Central,. cursó la carrera de Derecho y realizó el ingreso en la Escuela Diplomática. Sin embargo, se sintió atraído por la música y se formó prácticamente de forma autodidacta aunque recibiendo consejos de Oscar Esplá, y también aparecen referencias a una determinada relación con Falla. Pero su posición primera respecto de la música se aleja de estas dos influencias cuando se define en una conferencia pronunciada  en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1930, conferencia que viene a ser el manifiesto del Grupo de los Ocho. Habla de "musicalidad pura, sin literatura, sin filosofía, sin golpes de destino, sin física, sin metafísica" y añade "cuando un músico se pone a hacer metafísica, echaos a temblar, le salen los truculentos argumentos de las sinfonías de mi tocayo Gustav Mahler". El Grupo de los Ocho estaba integrado además por Salvador Bacarisse, Julián Bautista, Rosa García Ascot, Rodolfo y Ernesto Halffter, Juan José Mantecón y Fernando Remacha. Luego se ha visto integrado en la llamada Generación de la República y, de modo más general, en la Generación del 27.

Ese mismo año, Pittaluga marcha París para ampliar su formación y en abril de 1931 regresa coincidiendo con la proclamación de la República. Hasta 1939 son los años de sus primeras y más importantes obras, entre las que figuran las tres para violín y piano, Divertimento, Ricercare y Berceuse que escucharemos en la primera parte del concierto. En la segunda, una versión para piano solo de una de las danzas, la segunda De la hoguera de su obra más conocida, el ballet La Romería de los cornudos, estrenado en forma de concierto en 1922 y como ballet en 1927, sobre un libreto de Federico García Lorca y Cipriano Rivas Cheriff. Por García Lorca ya se había interesado poniendo música a varias de sus canciones para el teatro A este primer período pertenecen además la zarzuela El Loro, Petite Suite y el Concierto militar, para violín y orquesta. Una visión neoclásica está presente en el Homenaje a Mateo Albéniz que cierra la presencia de su música en el concierto.

Es el tiempo de su mayor actividad porque tras el exilio decrece la intensidad creadora y también, en gran medida, su postura inicial alejada del nacionalismo. Se suceden obras como Llanto por García Lorca (1944), Diferencias sobre la gallarda milanesa y el canto del caballero (1950, para orquesta)y Homenaje a Falla (1954). Su vinculación a la música se concentra entonces en la dirección del Ballet de Pilar López.

Simón Tapia Colman

La formación de Tapia Colman se inicia con su padre y, al trasladarse a Zaragoza, prosigue en la Escuela Municipal. El paso siguiente le lleva a París, algo que se repite con otros compositores españoles de su tiempo, para estudiar en la cátedra de composición de Vicent d'Indy. El violín es su medio de trabajo a su regreso a Madrid y llegó a ser concertino en la orquesta del Teatro Apolo. Y será de nuevo el violín el que le integre en la vida musical en Méjico cuando se exilia al término de la guerra civil, nacionalizándose en 1939.  Como tal forma parte de diversas agrupaciones y muy especialmente de la Orquesta Sinfónica de la ciudad que dirigía Carlos Chávez. Fundó y dirigió el Coro de México y el de la Comisión Federal de Electricidad. Ejerció también como comentarista y en la temporada 1955-1956 le fue concedido del premio de la Unión de Cronistas de Teatro y Música. Esta labor de referencias sobre temas musicales se complementa con sus artículos periodísticos en varias publicaciones nacionales y, muy especialmente, con un mayor rigor técnico con sus estudios y tratados sobre música. El apartado de su actividad teórica le sitúa en el Conservatorio Nacional de Música, del que fue catedrático y director el curso 1971-1972. Asimismo formó parte como investigador musical del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Coincide con Gustavo Pittaluga en haberse inclinado en la mayor parte de su obra por una postura ecléctica, sin dejarse arrastrar por los movimientos más activos de su tiempo. Sin embargo, por la temática y otras circunstancias refleja en títulos concretos alguna de esas tendencias. Sucede con su pieza sinfónica Leyenda gitana o en otra igualmente para orquesta Una noche en Marruecos.

La Sonata (Núcleos) para violín solo con la que se inicia este concierto, dividida en tres movimientos, Alegro moderato, Largo y Vivo, procede de un planteamiento más elaborado para orquesta de cuerda. La idea de los "núcleos" la prolonga en su obra para piano Secuencias nucleicas. Y del carácter estructural de esta primera incursión en la forma, pasamos, para cerrar la primera parte, a otra Sonata, ahora para violín y piano (El afilador), también en tres movimientos, Poco recitativo: senza rigore, Largo, Vivo, con cierto sabor local. Para cerrar el programa, una nueva muestra de la música de Tapia Colman, para violín y piano, Suite Española (Seis Danzas), con reminiscencias del maestro de toda la generación, Manuel de Falla. Suite integrada por Jaleo Jerezano, Rondeña Malagueña, Bolero, Asturianada, Zortzico y Jota aragonesa.

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El crítico musical Fernando Díez de Urdanivia recordaba a Tapia-Colman el 14 de febrero de 2006 en el diario mejicano "El Universal on line":

La Guerra Civil española nos regaló todo un batallón de intelectuales y artistas. Para no dar principio a una lista difícil de terminar, mencionaré solamente algunos de los relacionados con la música, arriesgándome a que muchos se queden involuntariamente en el tintero.

Adolfo Salazar, Rodolfo Halffter, Jesús Bal y Gay, Baltasar Samper, Narciso Costa Horts y el polémico alemán catalanizado Otto Mayer-Serra, merecen hoy recuerdo, junto con su paisano, Simón Tapia Colman nacido cerca de Zaragoza en 1906. Supongo que, salvo descendientes y amigos cercanos, menos que pocos pensarán en este violinista, compositor, maestro de coros y director del Conservatorio Nacional de Música durante 1971 y 1972.

Conocí a Simón en 1953, cuando empezaba a sumergirme en el estanque musical del que no he podido salir nunca. El amor y algunos conocimientos de teoría y de piano, quizá mayores de lo que yo mismo creo ahora, eran mis únicos aperos para flotar.

Con motivo de la notita publicada en una revista semanal, el violinista neoyorquino John Creighton Murray se acercó a mí para agradecérmela y convertirme en su empresario, su compañero de andanzas y su padrino de boda. John vivía por la calle Hamburgo, en una casa de asistencia cuya dueña era la tía de Esperanza, Lupita Montenegro de Dosal. Esperanza era la esposa de Simón y así sale completo el peine.

Formamos entre todos una especie de familia, con la adopción inmediata de Juan D. Tercero, acompañante oficial del violinista. Bellas tertulias en el comedor de Lupita; magnas reuniones en la calle Mercaderes, casa de los Tapia. Intermitencias primero breves, que fueron prolongadas cuando se fue del país Creighton. Pero ya estaba la amistad. Y no acabó ni con la muerte de Simón, en 1993.

Tapia Colman era tan divertido, que no parecía músico. Dicho sea con perdón de los que se pongan el saco. Violinista de atril en la orquesta de Carlos Chávez, de 1940 a 1943, donde fue compañero del violista hispano Paco Gil, también de gran clase humana. Se hablaba mucho de sus prósperos negocios con el presidente Alemán, y esas habladurías eran avaladas por un tren de vida muy holgado. Pero a Simón le daba por patrocinar música. Y acabó como acaban los empresarios inexpertos y desprevenidos: sin un clavo. Se mudó a una casita por Las Águilas, volvió a su oficio y, con señorío envidiable, hizo una bella labor dirigiendo el coro de la Comisión Federal de Electricidad.

Entre tanto, había escrito Sísifo, un cuarteto, un tríptico para guitarra y orquesta, varias obras vocales, la Rapsodia aragonesa, mucha música más y un buen acervo de textos que va de un solfeo a una historia del arpa. Hago un aparte con la Suite Española para violín y orquesta, que estaba por estrenar Higinio Ruvalcaba, pero resultó que no acabaron a tiempo el material. Entonces escuchamos la Sinfonía Española de Lalo, que fue preciosa ocasión para que dijera horrores de Tapia el mismo crítico musical cuya ignorancia le impedía percibir una obra cambiada a última hora, sin advertencia en el programa de mano.

Fue Tapia Colman representante cabal de una transmigración fecunda en la que resulta imposible no mencionar al entrañable Luis Rius, cuyas canciones a Pilar Rioja son más bien un canto a la música, a la danza y sobre todo al amor.

Simón, a donde quiera que ahora estés, espero que te lleguen estas líneas mías llenas de cariño, pero sobre todo de justicia. México tiene deuda contigo, pero tal vez nadie te dará un buen abono. Qué nos importa. He querido poner tono festivo a esta nota, en memoria de los cuentos verdes que me contabas. Lo malo es que siempre repetías los mismos.

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Otra persona que conoció personalmente al maestro Tapia-Colman es Herta Gallego de Torres, música, docente, organizadora de exposiciones y documentalista madrileña que escribió este artículo con motivo del centenario del natalicio de don Simón que se conmemoraba el pasado año.

Fue publicado en la revista de música clásica "Opus Música" del mes de septiembre de 2006.

Conocí a Simón Tapia Colman cuando él estaba al final de su vida, y yo al comienzo de la propia e inclemente juventud. Vino a España, después de un largo exilio mexicano, con su mujer Esperanza, que traía un porte a lo María Félix -y que, como ella, era de fuerte carácter, exquisitas maneras y, no sé si igual que la actriz, gran corazón. Venían a disfrutar de la recién estrenada democracia y a visitar su Aragón natal (era de un pueblecito llamado Aguarón). En este viaje se hicieron muy amigos de mi familia y nos visitaron muchas veces en Madrid. Siempre nos invitaban a México y a mí me parecía un destino idílico. Tanto, que convencí a mis padres para que me dejaran ir. Así tuve la oportunidad de tratar a un gran patriarca de la música mexicana, excelente compositor al que todavía no se conoce bien en nuestro país, hombre de una gran cultura, sentido del humor y, sobre todo, un superviviente, que había arrostrado toda clase de peligros con gran valentía y arrojo. Todo ello conformaba una personalidad muy atractiva, y yo era confusamente consciente de su importancia, a pesar de la brecha de edad que nos separaba.

En la casa de Esteros a la que fui a parar -inolvidable, con sus recámaras donde a veces se paseaban los fantasmas queridos (había una hija de Simón, Pelancha, que había muerto hacía mucho, pero su espíritu vagaba por la casa como en las mejores novelas de Isabel Allende), toda la familia hacía lo imposible porque yo me sintiera a gusto. Simón había conocido a Esperanza en México, adonde había llegado exiliado como Rodolfo Halffter, Jesús Bal y Gay, Adolfo Salazar, Otto Mayer Serra o tantos otros y se había enamorado rendidamente. De esa unión nacieron muchos hijos. Los de mi edad eran Rodrigo y Rafael. Yo siempre estaba riéndome con ellos. Luego venía Cecilia (¡claro! en un músico ...) y una cantante melódica que tenía un éxito enorme en aquella época -año 88- y a la que llamaban Prisma, creo recordar....y cómo no, Miguel Angel Tapìa, director de orquesta, casado en aquel entonces con una mezzosoprano de voz angelical y gran personalidad , Encarnación Vázquez. Y había más, todos encantadores.

¡Cuántas cosas aprendí en México!¡Cuántos amigos dejé! Recuerdo que le hice una "entrevista" a Simón en la que me hablaba de las obras que entonces estaba componiendo. Yo en aquel momento no sabía que él había sido violinista, ni que había estudiado en París con Vincent d´Indy. Un día, paseando con él por Chapultepec, le empezó a saludar gente y no paró en todo el camino. Entonces me enteré de que había sido director (1971-72) y catedrático en el Conservatorio Nacional de Música e investigador musical en el Instituto Nacional de Bellas Artes. También con él y con Esperanza y algunos de los hijos íbamos mucho al Coro de la Comisión Federal de Electricidad que él había fundado y dirigido y que era un nombre que entonces me hacía mucha gracia. La verdad es que no paraba de oir un batiburrillo de músicas. Tan pronto estaba escuchando por la radio a Luis Miguel o a Rocío Dúrcal -cosas que en España jamás se me hubieran ocurrido, pero que allí cobraban sentido- como me iba a un concierto sinfónico dirigido por Enrique Bátiz o saltaba al Trío prehispánico de Simón. La atmósfera propiciaba esa suerte de mezcolanzas.

Años después me emociono cada vez que se programa en nuestro país una obra de Tapia Colman. Puede ser la sonata "El Afilador", que por momentos nos recuerda al mejor Turina, con su estética de depurado nacionalismo. O la Sonata para violín solo, obra despojada y lírica, intensa en su abstracción. O el Trío que antes cité. O tanta y tanta música de cámara. Pero Simón Tapia Colman también compuso música sinfónica, para coros, zarzuelas, canciones, la ópera Iguazú.....¡Me gustaría tanto, y sería tan de justicia, escucharlas en los atriles de nuestras orquestas!

No le volví a ver más después de mi viaje. Preocupado por la polución del distrito federal, planeó irse a vivir a Irapuato -ya dije que era un superviviente nato- pero lo que nunca previó es que su mujer, mucho más joven que él, moriría antes. Poco después de irme yo, Esperanza, tomando un café, falleció casi en el acto. Simón, que llevaba mucho tiempo luchando valerosamente contra un cáncer, no pudo resistir este último embate de la vida y la siguió al poco tiempo.

Mi recuerdo de México queda indisolublemente ligado a ellos, a su familia y a su música. Ya, en los viajes que haga "alrededor de mi cuarto" rememorando épocas pasadas, estaré en Coyoacán, con Cernuda y con Rodrigo; o iré en el metro de Barranca del Muerto (¡qué nombre!), leyendo "Tobeyo o del amor" mientras fuera me hechizan sus calles y su zócalo. Y siempre, siempre, las miradas socarronas de Simón y las más maternales de Esperanza para la española bulliciosa que ha pisado su casa de Esteros, me acompañarán, cómplices y sonrientes, dejándome dormir confiada.

*Foto: Orquesta Filarmónica de Málaga, quienes han grabado el CD, en el patio del Museo Picasso de aquella ciudad.

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3 comentarios

Jorge Calderón Tapia -

Hola soy niento de Simon Tapia Colman, simplemente gracias por escribir sobre mi abuelo, aun lo extraño mucho fue una grán enseñanza para mi, gracias
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Victor Rebullida -

Un placer recibirla en este blog, Ixchel.

Gracias por su entrañable comentario.

Ixchel Suárez -

Quisimos entrañablemente a toda la familia Tapia-Colman. Fui novia de Rodrigo, que falleció recientemente en Acapulco...Mi papa fu`´e Manuel Suárez, director del Trio México a quien Simonuco, como le deciamos,le escribio varias obras. Excelente artículo! Grandes recuerdos de toda una vida!
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