Victor Rebullida |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2005.
Sirva este como texto de partida de este blog en el que no sé por qué me he embarcado. Supongo que con el tiempo me daré cuenta y si no es así tampoco creo que importe mucho pues ¿importará a alguien además de a mi lo que aquí pueda escribir? Soy músico y llevo muchos años de mi vida intentando hacer música y digo hacer y no interpretar porque cada cual conoce o debería conocer sus limitaciones y una de las mias, amén de mi pereza para el estudio sistemático (escalas, dedos, ejercicios, estudios, ....), es la presencia ante el público. El público acongoja (por usar un lenguaje correcto) tanto como estimula la producción de adrenalina. Yo no di tiempo a llegar al segundo caso y en la primera fase me planté. Era guitarrista o iba para eso y por lo último y por lo primero decidí que yo escribiría la música para que la tocaran otros con más técnica y más poca vergüenza, en el mejor sentido. Y como creo que como introducción es suficiente, en los siguientes escritos ya entraré en materia reflexionando, comentando, anunciando y lo que se tercie. He puesto un enlace a la página web de La Campana de los Perdidos para que aquellos que no la conozcan se den una vueltecita por este local. No tengo comisión pero creo que se merecen una visita. En la página está colgada la programación del mes de diciembre, tan variada e interesante como siempre. El amigo Rodo sigue erre que erre en su empeño de ofrecer su "marco inigualable" a artistas de todos los gremios para deleite del personal. Amankay, Carmen al Natural, la Tía Helena y sus muñecos, los Green Apple, el gran Antonio Toledo con María Navidad (qué mejor apellido para tan apropiadas fechas), los cuentos de Maricuela, ... Venga, anímense y échense unas cañitas a la salud del arte que aunque sean en un pequeño sótano en Zaragoza todavía hay muchos y muy buenos artistas. Aprovechémonos de su saber antes de que nos los roben fuera. Recientemente se celebraron las veinticinco Jornadas Coralistas Internacionales en Borja (Zaragoza). Veinticinco años uno detrás de otro. ¿A qué parece mentira en un Aragón en el que todo nos dura menos que un caramelo a la puerta de un colegio? Pues sí, esta gente tozuda, buenamente tozuda, ha conseguido convocar veinticinco Jornadas además en una progresión claramente ascendente. El nivel en la actualidad está muy alto. Han desaparecido los coros aragoneses, aquellos coros que fueron el centro de las Jornadas durante muchos años, y los coros foráneos, de unas calidades técnicas e interpretativas de vértigo han tomado el lugar que ellos dejaron. Ahora toca que, si no esos coros veteranos, los jóvenes se pongan las pilas -que material humano tienen en cantidad y calidad- y entren en ese circuito para que en las próximas convocatorias Aragón vuelva a tener una presencia merecida. Mucha gente se lo trabaja para que el evento y todas las actividades que éste mueve en su entorno llegue a buen puerto. Además de los patrocinadores, el empeño institucional del alcalde borjano, Luis María Garriga (atleta de pro) y del motor de todo, mi amigo Emilio Jiménez Aznar, músico desde la infancia y hasta la médula, director del coro Vientos del Pueblo y rescatador de interesantes partituras olvidadas en el archivo de la Colegial de Santa María, en papel impreso por la Institución Fernando el Católico y oído en las voces de su coro borjano. Organista accidental e incidental ante la consola de un instrumento impresionante necesitado de una restauración que parece no encontrar su tiempo. Muy buena gente toda, tan buena como el vino de sus cepas. Y muy buena música. Música que lleva el cierzo pero no se oye en Zaragoza, en la city, en la gran capital que no está para zarandajas de pueblo, esa urbe de espaldas a su periferiferia. Cuarenta minutos de Zaragoza son muchos minutos para que Instituciones y Medios se enteren de la importancia y se tomen el interés que realmente merece una actividad como esta. El año que viene volveremos a disfrutar de las Jornadas número veintiseis y de la gente, que con ese calor no hay cierzo que pueda. En el castillo de Monzón (Huesca) se inauguró el día 5 de noviembre, tras algunos retrasos en las fechas, el Centro de Interpretación sobre la Orden del Temple. Está ubicado en la iglesia de San Nicolás del mismo castillo. El Ministerio efectuó una restauración o más bien arreglo del entorno del castillo que se pedía a gritos pues llegaba a ser peligroso en algunos puntos y la dignidad de la mole lo exigía. La inauguración se hizo coincidir con el homenaje anual a Guillem de Montrodó, tutor de Jaime I durante su estancia en el castillo montisonense. Un desfile, actos protocolarios, actuación musical, etc. dieron lustre y enjundia a la ocasión. Este año no pudo actuar la Coral Montisonense, que con tan buenos frutos dirige Paloma Manau, por encontrarse ésta y parte de sus miembros en las Jornadas Coralistas de Borja de las que ya he hablado (o escrito). Allá coincidimos y hablamos del tema. Para esta exposición permanente se ha filmado un audiovisual dramatizado de algo más de un cuarto de hora explicando la historia del Temple desde lo general hasta los particular de su estancia y final en el bastión de Monzón. El director aragonés Carlos Gil-Roig ha sido quien se ha encargado de la realización contando en la parte dramatizada con el actor Joaquín Murillo encarnando al comendador Berenguer de Bellvis y varias compañías de teatro aficionado de la localidad salpicando murallas y patios del castillo en una producción de dimensiones no pequeñas para lo que es el mundo de la cinematografía en Aragón. Un servidor se ha encargado de poner musica al docudrama habiendo sido una gran experiencia y un placer trabajar con Carlos. Este es un profesional como la copa de un pino, serio y meticuloso, sencillo, otra de esas personas desconocidas pero que no para de llevar adelante proyectos de gran interés y novedad y del cual seguro que oiremos hablar en algun tiempo. Todavía no he podido ver la exposición. Como he comentado coincidió la inauguración con mi estancia en Borja donde se clausuraban las Jornadas estrenando una obra que me había sido pedida, por cierto, magníficamente interpretada por las corales Oscense y Ars Musicae con la Orquesta de Cámara de Huesca, dirigidos por Antonio Viñuales, veterano del Conservatorio de Huesca y de estas sus formaciones. Bueno, la Coral Oscense colabora con Viñuales pero la dirige (y en este caso preparó) Conrado Beltrán, otro músico curtido con los pentagramas. Como decía, en cuanto las obligaciones me lo permitan he de ir a ver in situ el audiovisual. |