Victor Rebullida |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.
En HERALDO DE ARAGON de hoy aparece firmada por Mariano García la siguiente noticia: "Zaragoza está en un llano/y la Torre Nueva enmedio,/y la Virgen del Pilar/a las orillas del Ebro". Hasta ahora se pensaba que la voz de Blas Mora, el jotero aragonés más famoso del siglo XIX, el ganador del primer certamen oficial en 1894, se había perdido para siempre. Pero no, sus grabaciones ya no son una leyenda, han abandonado el terreno de la fantasía. Dos cilindros de fonógrafo con cinco de sus coplas han sido descubiertos en una colección privada de Barbastro, y muy pronto el arte de Blas Mora estará a disposición de los investigadores. No va a ser el único. De José Moreno, Baturrico de Andorra, se conserva una única grabación, pero se pone en duda su autoría. Muy pronto se sabrá si el disco que guarda la Escuela Oficial fue impresionado o no por él. Porque musicólogos, expertos en jota y foniatras van a comparar su sonido con el de otro cilindro aparecido en esa misma colección. Y hay más: un cilindro de Balbino Orensanz, otro en el que toca la ocarina con Lahuerta, otro con un aria de "La Boheme" interpretada por la soprano aragonesa Pilar Pérez... "Y de Elvira Hidalgo todavía no se puede encontrar ningún cedé". Javier Barreiro se lamentaba ayer en voz alta de la escasez de grabaciones modernas de las grandes estrellas que ha dado Aragón a principios del siglo XX en campos como la lírica, la jota, el cuplé, e incluso el tango. Recuperar ese legado y devolverlo a los aragoneses es el primer objetivo de la recién creada Asociación para la Recuperación del Patrimonio Aragonés Musical y Sonoro (ARPAMS), entidad que engloba a varias decenas de profesionales de muy distintos ámbitos, y que preside Gabriel Marro. Me congratulo por éllo y deseo los mayores éxitos a la recién nacida ARPAMS en su labor de búsqueda, recopilación y reedición de estos viejos materiales. Así mismo me alegro de las declaraciones del viceconsejero de Educación y Cultura, Juan José Vázquez, sobre este "primer paso para la creación de un archivo sonoro aragonés" que, como todo archivo, no solo debe contener material antiguo sino también de la más rabiosa actualidad por lo que en él han de entrar grabaciones de todas las épocas y, al igual que las antiguas hay que buscarlas, las nuevas hay que crearlas, así que confio en que esta doble vía se ponga en funcionamiento con la mayor celeridad y empeño. La primera ya ha sido abierta por la ARPAMS, la otra le corresponde al Gobierno de Aragón mediante una decidida política de grabaciones de sus autores e intérpretes actuales. *La fotografía es de Juan Carlos Marcos y ha aparecido en HERALDO DE ARAGON acompañando la noticia. Hoy me he levantado con agujetas. La paliza que nos dimos ayer tarde en el Principal es la culpable. Bueno, la paliza se la dieron los mozos y mozas de Mayumana (acentuando la segunda sílaba) aunque los que estuvimos hora y media en la butaca viendo las evoluciones de estos figuras salimos afectados como si los brincos los hubiésemos dado nosotros. Me duele todo. Por cierto, Mayumana deriva del vocablo hebreo "meyumanut" que significa "destreza". Espectáculo cien por cien. Espectáculo de calidad. Una idea sencilla muy bien montada y elevada a espectáculo soberbio. Espectáculo cañero en el que los integrantes del grupo, uno de los cuatro, creo, que giran por el mundo, (cuando esto se convierte en industria, hay que abrir varios frentes, com le pasa al Orfeón Donostiarra dividiendo el coro o Baluarte Aragones durante las fiestas del Pilar entre Cai, Jesuítas, Corte Inglés, etc.) Esto chicos son percusionistas, o al menos tienen un sentido del ritmo envidiable, acróbatas, bailarines, actores, algunos hasta se atreven a cantar. Vaya, lo dicho, una especie de espectáculo total. Hay algo más que percusión y un sonido excelente (llevan una fortuna en micros y amplificación para convertir los golpes en percusiones espectaculares), hay un mimo especial por la puesta en escena, por el movimiento, por la coreografía, siempre dinámica pero bella. En muchos momentos el espectáculo se torna poesía, como en el número de los balones fosforescentes o el de las lámparas de minero o el del agua, por citar alguno. Desde la sencillez del ritmo generado por las propias palabras a la complejidad rítmica y melódica de unos simples tubos de PVC de distintos diámetro y longitudes golpeados por su extremo (quien no ha visto golpear con la zapatilla en la boca de un cántaro en el folclore español). Merece la pena ir a verles. Merecería la pena volver a verles. Ha sido un acierto traerles a Zaragoza y traerles un número grande de días. Ya es hora de que los buenos espectáculos estén el tiempo suficiente para que todos los interesados puedan ir al teatro. Parece que se haya obrado un milagro: cambiar la gerencia del asunto y rebosar teatro de calidad, espectáculos de calidad en el Principal, en el Mercado, sin olvidar la ya veterana y fabulosa labor de la Estación y de todas la compañías de casa. Ha fallecido Joaquín Broto Salamero, histórico de los Conservatorios de Música que en Zaragoza han sido. Toda una institución dentro de la música zaragozana. No hay más que preguntar a cualquiera de los músicos que ahora tengan en torno a la cuarentena y que se hayan formado en los Conservatorios de esta ciudad. Prácticamente la totalidad ha pasado por sus clases. Yo aprendí las primeras notas en su aula, un aula (realmente una habitación) ubicada en aquel piso de la calle del Coso. Don Joaquín, sentado de lado al piano, mirando a los alumnos sentado a su espalda, en robustas sillas de madera con palas, sobre una vetusta tarima escalonada, aporreaba -literalmente y con todo respeto- el viejo piano vertical. Debería decir que aprendí las segundas notas pues las primeras debo atribuírselas a Rafael Lozano, violinista de la que fué Orquesta de Cámara Ciudad de Zaragoza, aquella que fue protagonista de mis primeras audiciones de música en vivo con sus conciertos con obras de Dallabaco en la Lonja. También Broto se empeñó en que generación tras generación de aprendices de músico hilvanaran con mayor o menor fortuna los cantos polifónicos de diversas épocas, a través de masimas clases en el "gran" salón del citado edificio del Coso zaragozano, sentados y de pie junto a las ventanas abiertas para aliviar el olor a neurona recalentada (por ser elegante). Ahí andábamos todos con ese libro recopilatorio y pedagógicamente ordenado de música coral, clásico de aquel antiguo Conservatorio, del cual don Joaquín era autor. En él también incluía alguna obra compuesta por él y otras adaptadas. Pero lo mejor venía cuando preparaba el concierto de fin de curso, con un coro integrado por todo el alumnado de sus diversos grupos de clase para el cual preparaba algo que le gustaba sobremanera: adaptaciones de música de películas, de estándards de todos los tiempos, para coro. Quién no recuerda aquellas versiones de Days of Wine and Roses, por citar una que me viene a la memoria. Broto se sentaba al piano o ante aquel gran órgano electrónico y se prodigaba en armonías jazzies e improvisaciones a las cuales era muy proclive, tal vez por su formación y labor organística litúrgica. Ha desaparecido uno de los últimos mohicanos de una manera de entender la música y su enseñanza, singular y tal vez superada pero que ha servido para dar salida a varias generaciones de músicos y la que recordaremos siempre. Joaquín Broto Salamero, descanse en paz. Incluyo a continuación la noticia aparecida hoy en HERALDO DE ARAGON y la foto que la acompaña hecha por Guillermo Mestre. Joaquín Broto Salamero, ex organista de la Seo y del Pilar de Zaragoza, falleció ayer en la capital aragonesa a los 84 años de edad. Su muerte deja un hueco difícil de llenar, al constituir uno de los últimos exponentes de un arte que lamentablemente se está perdiendo, el del organista litúrgico. En EL PERIODICO DE ARAGON habla José Vte. González Valle, otra persona a la que muchos músicos locales debemos parte de nuestro conocimiento y nuestro amor por la música de épocas pretéritas, así como la Edad de Oro de nuestra Escolanía de Infantes, que nunca vivió un momento de mayor florecimiento y prestigio como cuando González Valle, junto al grupo Amigos de la Música, mayormente ex-infantes con la voz ya mutada, prepararon conciertos que recorrieron Europa cantando lo mejor de la polifonía universal y también aragonesa (todavía recuerdo aquellos motetes de Bach con el Coro del Conservatorio que él dirigía en los que tuve el orgullo de participar): El canónigo prefecto de música del cabildo zaragozano, José Vicente González Valle, amigo y compañero durante años del músico fallecido, explicó que la salud de Broto se resentía por la edad, pero que su muerte fue dulce, "pues ha muerto durmiendo, sin que nadie lo esperase". González Valle lamentaba la muerte de Broto "como persona y como músico, pues fue un gran compositor entroncado con la tradición de maestros de música religiosa que ha dado la Seo de Zaragoza". Y es que no sólo "media Zaragoza" ha bebido las enseñanzas de Broto --fue docente del Conservatorio Profesional de Zaragoza entre 1963 y 1985--, sino una gran cantidad de músicos de todo el país, ya que su obra, Conjunto coral, ha sido utilizada en numerosos conservatorios como texto para la asignatura del mismo nombre. Como compositor, en 1957 estrenó en Barbastro sus Trece canciones españolas para soprano y piano, y en Zaragoza, con la Orquesta Sinfónica local, bajo su dirección, Impresiones de viaje. También con la desaparecida sinfónica de Zaragoza hizo la primera audición de Bucólica del Pirineo, Tríptico, Suite tripartita y Fantasía Dionisíaca. Los pianistas Luis Galve y Pilar Bayona, también estrenaron obras de Broto. En Zaragoza siempre se recordará la misa de 12 de los domingos en la Seo durante los años 70, donde Broto ofrecía auténticos recitales de órgano. Casualmente un día 14 de febrero del año 2005 Angel Huguet publicaba en DIARIO DEL ALTOARAGON la noticia de la cesión por parte de Joaquín Broto del órgano de su propiedad. Joaquín Broto, compositor y musicólogo, profesor del Conservatorio Profesional de Música y Organista titular de la Catedral de la Seo de Zaragoza, jubilado de su actividad, ha cedido al Cabildo de la Catedral de Barbastro el órgano de madera construido por el holandés Gerardo de Graaf, en el que compuso obras de música para órgano y polifonía sacra, que pasarán al Archivo Diocesano para custodia y consulta. Coincidiendo con la celebración este pasado fin de semana de la representación popular de “Las Bodas de Isabel de Segura” en las calles de Teruel y a raiz de la publicación de un artículo relacionado en el blog del admirado Antón Castro, desempolvé de mi recuerdo los sonidos de un Ballet que el conocido compositor griego Mikis Theodorakis –de célebres partituras para concierto y para el cine- escribiera en 1958 titulado "Los Amantes de Teruel”. Conocí esta obra allá por junio de 2002 cuando un grupo de emprendedores embarcó a la Orquesta Nacional de España en sendos conciertos en los que el plato fuerte era esta obra. El primer concierto tuvo lugar en la catedral de Teruel, el segundo en la catedral de la música zaragoza, la sala Mozart del Auditorio de Música. Dirigía la orquesta el jóven Pascual Osa, presente en las pantallas televisivas llevando la batuta ante la Orquesta Filarmónia en el programa “El Conciertazo”, y con el que he tenido la oportunidad de trabajar un par de veces, una como director y otra como intérprete –Pascual es un percusionista tan bueno como director- de sendas composiciones mias. Escuchada la música del Ballet (realmente era una Suite del mismo pues la obra tiene mayor extensión que la que se ofrecía en la actuación) sentí curiosidad por saber algo de su historia. Eleanor Mannikka, All Movie Guide Ayer se vivió en el Auditorio de Música una velada musical cargada de candor y emotividad. La orquesta residente, el Grupo Enigma-OCAZ, planteaba con su titular Juan José Olives al frente, un programa dedicado a la música escrita en el entorno del mundo infantil. Comenzando con la versión de Rudolf Maros para orquesta de cuerdas de las “Diez piezas para niños” de Bela Bartok, versión que gusta pero que personalmente no siento que aporte nada a la versión pianística original y que, puestos a orquestarlas, clamarían por un aporte de color mediante una más rica instrumentación (existen otras versiones de esta guisa), y siguiendo con el “Concertino para clarinete y orquesta de cuerdas”, del húngaro Matyas Seiber, transcurrió la primera parte del concierto. Este Concertino contó con la joven pero reconocida clarinetista menorquina Ona Cardona (ganadora del Tercer Certamen Nacional de Interpretación Intercentros) que se movió a sus anchas por una obra clara, entretenida, con un segundo movimiento lento denominado “Variazioni Semplici” sobre un tema de carácter húngaro que me parece de lo mejor de la obra, con un acompañamiento de la cuerda soberbio en su sencillez. A otros les gustaron más los movimientos rítmicos y veloces, pero para gustos están los colores. Seyber nació en Hungría, fue amigo de Bartok y junto con éste, estuvo de discípulo de Zoltan Kodaly. Trasladó su residencia a Inglaterra y falleció en 1960 en un accidente de coche en Sudáfrica. El pasado año se cumplió el centenario de su nacimiento. Y aquí comienza la parte emotiva de la tarde. Contamos con la presencia de la hija de Seyber expresamente venida de Cambridge, su residencia, para asistir al concierto. Todo un honor para la orquesta y los presentes, y también para el Auditorio aunque pareció pasar desapercibida su presencia para los representantes de esa Casa. Pero la mayor emoción radicaba en el estreno de la versión orquestal de un servidor de las “Piezas sobre temas populares infantiles españoles” del fallecido autor de Moyuela (Zaragoza) Angel Oliver Pina. Escritas para piano, a propuesta de Juan José Olives y como pequeño homenaje a su autor, orquesté (alguien podrá acusarme de lo mismo que yo he dicho de Maros y la obra de Bartok) estas quince piezas aunque por imperativos de duración tan solo se interpretaron diez de ellas en esta ocasión. Como decía, el climax emotivo fue contar con la presencia de Mari Paz, la viuda de Angel, a quien hicimos salir al escenario para mayor emoción suya, acogida por los calurosísimos aplausos de los asistentes (sala llena y cartel de “No hay entradas” desde hace días) y un inevitable nudo en la garganta recordando que hace escasamente un año, en ese mismo lugar, recibía Oliver los aplausos por su intervención en la obra colectiva “Lecturas del Quijote”. Después, recordábamos esa cena en el mismo restaurante italiano en el que estábamos, con un Angel emocionado y también fatigado por su dolencia pocas fechas antes de su fallecimiento. Perdimos un gran compositor, un gran intérprete, un gran pedagogo, pero sobretodo un gran amigo. Tras este momento de recuerdo y homenaje, la orquesta acompañó al coro infantil Amici Musicae del Auditorio en el estreno de la obra “Canciones populares aragonesas” de Maximiano Martínez Caño, especie de Fantasía en tres partes sobre temas del acerbo musical tradicional recopilado en los cancioneros aragoneses. Magistral la actuación de los pequeños y el trabajo realizado con ellos por su directora Isabel Solano y sus colaboradores. Fue encantador ver qué se puede hacer con un trabajo bien dirigido. La obra está escrita pensando en un público no necesariamente melómano y resulta accesible para todo el mundo y también para los más pequeños. No es fácil, sobretodo la parte coral, llena de dificultades para una agrupación de puericantores y no una escolanía más bregada en los cantos polifónicos. Los chavales (más bien las chavalillas, porque chicos, pocos) volaron a una altura profesional, incluso Olives, sintiéndose agusto con ellos y viendo que le seguian rizo el rizo haciéndo alguna filigrana expresiva de alto riesgo salvada cum laude. A continuación incluyo el texto que escribí para el programa de mano referente a Angel Oliver y las piezas interpretadas en el que rectifico –por cariñosa reprimenda de su viuda- la fecha que figuraba de su muerte, 26 de febrero, por la correcta, un día antes. Terminaré haciéndo una llamada de atención: El oyente no debe olvidar que la música que escucha es de Ángel Oliver y la instrumentación no es más que una labor de resaltado y perfilado de aquélla, una puesta en relieve del minucioso trabajo de orfebrería que Oliver aplicó a la composición de estas piezas. (*) En la foto, Maximiano Martínez portando uno de sus galardones Días atrás planteaba una lista complementaria de aniversarios diversos de compositores para que no todo quedara en torno al mercantilizado de Mozart. Bien, hace unos días me percaté de otro centenario de nacimiento que se cumple este año, el del compositor cubano Alejandro García Caturla de quien conociendo su vida y escuchando su obra pienso que se merece que ponga en este espacio un resumen de la misma. Incluyo un texto de Jesús Risquet sobre García Caturla que plasma en pocas líneas su carácter, su personalidad y su breve vida, pues murió asesinado a la edad de 34 años. "Alejandro García Caturla fue definido por el escritor Alejo Carpentier como el temperamento musical más rico y generoso que haya aparecido en la Isla. Alejandro García Caturla le profesó una gran amistad al autor de El Siglo de las luces. En carta al querido amigo, que data de julio de 1931 le decía: “La mejor noticia que puedo darte de mí es que trabajo todo el tiempo en mis obras”. Esto pone de manifiesto la extraordinaria pasión de este creador de melodías tan conocidas como Mi mamá no quiere que yo baile el son y Danza del tambor. Nació Alejandro García Caturla en el año1906, el 7 de marzo, en la hermosa ciudad de Remedios, Villa Clara. Siendo aún muy pequeño y casi sin poder alcanzar el teclado, sentado en las piernas de su manejadora negra, reproducía en el piano las melodías que escuchaba. Luego se fue nutriendo de conocimientos durante su juventud mientras participaba en fiestas rituales afrocubanas en su ciudad natal. Su pasión por la música se hizo evidente desde entonces y por eso llegó a dominar fácilmente la técnica del violín. La obra de Alejandro García Caturla es reconocida tanto en Cuba como en el exterior. Prodigiosa facilidad tenía para aprenderlo todo con extraordinaria facilidad, entre esto los idiomas y la abogacía. Para complacer a su padre estudió Leyes en la Universidad de La Habana, a la vez que continuaba realizando estudios de música, tratando de estar al día acerca de lo que en esos años —1925-1927— se hacía en Europa. La revista Social publicó la partitura de su Danza lucumí, que luego formó parte del tríptico orquestal Tres danzas cubanas. Era compositor, director de orquesta, violinista, arreglista…También era juez. Hombre refinado, de semblante irlandés había sentido siempre una atracción poderosa por lo negro, lo cual le acarreó no pocas incomprensiones entre aquellos que abogaban por un folklore de sociedad. En 1927, al regresar a su ciudad natal tras graduarse de abogado, se dio a la tarea de fundar, animado por los mismos empeños musicales que movían a Carpentier y a Amadeo Roldán, con quienes había trabado amistad durante su estancia en La Habana, una Orquesta de Cámara en Remedios, entregado de lleno a tratar de llevar adelante un nuevo modo de hacer música. Sobre su telúrica personalidad y su ingenio afirmó años atrás el conocido musicólogo Hilario González: Únicamente un genio puede componer así. Fue uno de los compositores vitales en la esencia y expresión nacional durante el siglo XX, al dejar piezas sinfónicas que rastrean y enriquecen el lenguaje de las raíces negras, españolas, populares y folklóricas de nuestro pueblo. La Orquesta de Cámara que fundó estrenó en abril de 1927 su Obertura cubana, obra enraizada en lo más puro de la música cubana. Al calor del influjo que ejercían los minoristas con sus postulados renovadores, a algunos de cuyos miembros pudo conocer mientras estudiaba en La Habana. En octubre de 1927, fundó en Remedios, un pequeño periódico, de vida efímera, titulado precisamente Los minoristas. Sólo apareció un número, en el cual vio la luz su primera crítica musical. A García Caturla le tocó vivir en una época marcada por la sociedad dividida en clases, a la cual se enfrentó todo el tiempo con singular pasión, la misma con que se enfrentó a las limitaciones reaccionarias, con gran coraje. Se manifestaba siempre muy independiente en todos los actos de la vida. Hombre de un pensamiento muy avanzado, desafió los prejuicios burgueses de entonces y se casó con una mujer negra, a la cual profesó un amor muy especial. En su libro La música en Cuba, Alejo Carpentier dijo de García Caturla: Dotado de verdadero genio, su potencia creadora se manifestó desde la adolescencia en una serie de obras vehementes, dinámicas, incontrolables en su expresión como una fuerza telúrica. Fue violinista de las Orquestas Sinfónica y Filarmónica de La Habana, y en Caibarién fundó la Sociedad de Conciertos, desde donde divulgó la obra de músicos como Debussy, Rabel y Falla. El día 12 de noviembre de 1940 fue asesinado, a los 34 años de edad, por alguien a quien horas más tarde debía condenar, que con dos disparos a quemarropa puso fin a la vida del genial exponente de la música cubana. Su arte es una síntesis de nacionalidad y universalidad, de tradición y actualidad. Mezcló sabiamente los postulados de la vanguardia musical europea con los ritmos cubanos. Las obras sinfónicas de Caturla han sido ejecutadas por orquestas significativas de distintos países bajo la dirección de prestigiosos directores. Un mayor conocimiento del autor de Danza del tambor, Motivos de Danza y La Berceuse campesina puede ser ampliado con la lectura del texto Alejandro García Caturla escrito por María Antonieta Henríquez." |